VIERNES SANTO CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR 1

VIERNES SANTO CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

VIERNES SANTO CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

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Oración ante el pueblo (no dice “oremos”):

Primera parte

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA:

SALMO RESPONSORIAL (Sal 30, 2 y 6. 12-13.15-16.17 y 25)

SEGUNDA LECTURA:

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO.

EVANGELIO:

ORACIÓN UNIVERSAL

Segunda parte

ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Tercera parte

SAGRADA COMUNION

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN:

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO.

Oración ante el pueblo (no dice “oremos”):

Recuerda, Señor, tus misericordias,
y santifica a tus siervos con tu eterna protección,
pues Jesucristo, tu Hijo, por medio de su sangre,
instituyó en su favor el Misterio pascual.
Él, que vive y reina contigo.

 Primera parte

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA:

Lectura del libro del Profeta Isaías (52,13-53,12)

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. 

Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano; así asombrará a muchos pueblos: ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. 

¿Quién creyó nuestro anuncio? 

¿A quién se reveló el brazo del Señor? 

Creció en su presencia como un brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. 

Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. 

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. 

Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron. 

Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. 

Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. 

Sin defensa, sin justicia se lo llevaron. ¿Quién meditó en su destino? 

Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.  Le dieron sepultura con los malhechores; porque murió con los malvados, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca. 

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. 

Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años; lo que el Señor quiere prosperará por sus manos. 

A causa de los trabajos de su alma, verá y se hartará; con lo aprendido, mi siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos. 

Por eso le daré una parte entre los grandes, con los poderosos tendrá parte en los desposos; porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, y él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 30, 2 y 6. 12-13.15-16.17 y 25)

R. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo:  no quede yo defraudado;  tú que eres justo, ponme a salvo.  A tus manos encomiendo mi espíritu:  tú, el Dios leal, me librarás.   

Soy la burla de todos mis enemigos, 
la irrisión de mis vecinos,  el espanto de mis conocidos;  me ven por la calle y escapan de mí.   

Me han olvidado como a un muerto,  me han desechado como un cacharro inútil. 
Pero yo confío en ti, Señor,  te digo: “Tú eres mi Dios.”  En tu mano están mis azares;  líbrame de los enemigos que me persiguen.   

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,  sálvame por tu misericordia.  Sed fuertes y valientes de corazón,  los que esperáis en el Señor.   

SEGUNDA LECTURA:

Lectura de la carta a los Hebreos (4,14-16; 5,7-9)

Hermanos:  

Tenemos un Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el hijo de Dios-. Mantengamos firmes la fe que profesamos. 

Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos por tanto, confiadamente al trono de gracia, al fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en tiempo oportuno. 

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su actitud reverente. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO.

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el “Nombre –sobre-todo-nombre”. (Flp 2,8-9)

EVANGELIO:

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan (18,1-19,42)

(No se inciensa ni se dice “El Señor esté con vosotros, ni se signa el libro)

En aquel tiempo, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía allí a menudo con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:

-¿A quién buscáis?

Le contestaron,.

-A Jesús el Nazareno.

Les dijo Jesús:

-Yo soy.

Estaba también con ellos Judas el traidor. Al decirles «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez.

-¿A quién buscáis?

Ellos dijeron:

-A Jesús el Nazareno.

Jesús contestó:

-Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.

Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

-Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?

La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año, el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».

Silencio y pausa.

Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Ese discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera, a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:  S. -¿No eres tú también d los discípulos de ese hombre? 

El dijo:

No lo soy.

Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro es taba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó:

-Yo he hablado abiertamente al mundo: yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? lnterroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.

Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

-¿Así contestas al sumo sacerdote?

Jesús respondió:

-Si he faltado en el hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?

Entonces Anás lo envió a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:

-¿No eres tú también de sus discípulos?

El lo negó diciendo:

-No lo soy.

Uno de los criados de] sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

-¿No te he visto yo con él en el huerto?

Pedro volvió a negar, y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

-¿Qué acusación presentáis contra este hombre?

Le contestaron:

-Si éste no fuera un malhechor no te lo entregaríamos.

Pilato les dijo:

Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.

Los judíos le dijeron:

-No estamos autorizados para dar muerte a nadie.

Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:  S. -¿Eres tú el rey de los judíos? 

Jesús le contestó:

-¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?

Pilato replicó:

-¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?

Jesús le contestó:

-Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí. C. Pilato le dijo:

-Conque ¿tú eres rey?

Jesús le contestó:

-Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. C. Pilato le dijo:

-Y, ¿qué es la verdad?

Dicho esto, salió otra vez donde estaban los judíos y les dijo:

-Yo no encuentro en El ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos? C. Volvieron a gritar:

-A ése no, a Barrabás.

El tal Barrabás era un bandido.

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a El, le decían:  S. -¡Salve, rey de los judíos! 

Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

-Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en El ninguna culpa.

Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

-Aquí lo tenéis.

Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron:

-¡Crucifícalo, crucifícalo!

Pilato les dijo:

-Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.

Los judíos le contestaron:

-Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.

Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el Pretorio, dijo a Jesús:

-¿De dónde eres tú?

Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

-¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?

Jesús le contestó:

-No tendrías ninguna autoridad sobren mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.

Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, Pero los judíos gritaban:

-Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.

Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «El Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: S. -Aquí tenéis a vuestro Rey.

Ellos gritaron:

-¡Fuera, fuera; crucifícalo!

Pilato les dijo:

-¿A vuestro rey voy a crucificar?

Contestaron los sumos sacerdotes:

-No tenemos más rey que al César.

Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con El a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: 

-No escribas «El rey de los judíos», sino «Este ha dicho:”Soy el rey de los judíos”».

Pilato les contestó:

-Lo escrito, escrito está.

Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:

-No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quien le toca.

Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo su madre: J. -Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Luego dijo al discípulo:

-Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: J. -Tengo sed.

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: J. -Está cumplido.

E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron». Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. El fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Breve homilía

ORACIÓN UNIVERSAL

I.Por la santa Iglesia

Oremos, hermanos, por la Iglesia santa de Dios, para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad, la proteja en toda la tierra, y a todos nos conceda una vida confiada y serena, para gloria de Dios, Padre todopoderoso.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo manifiestas tu gloria a todas las naciones, vela solícito por la obra de tu amor, para que la Iglesia, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. AMEN

II. Por el Papa

Oremos también por nuestro Santo Padre el Papa Francisco, para que Dios, que lo llamó al orden episcopal, lo asista y proteja para bien de la Iglesia como guía del Pueblo santo de Dios.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna todas las cosas, atiende bondadoso nuestras súplicas y protege al Papa, para que el pueblo cristiano, gobernado por ti bajo el cayado del Sumo Pontífice, progrese siempre en la fe. Por Jesucristo nuestro Señor. AMEN

III. Por todos los ministros y por los fieles

Oremos también por nuestro Obispo Juan José y su Obispo auxiliar, Santiago; por todos los Obispos, presbíteros y diáconos, y por todos los miembros del pueblo santo de Dios.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Espíritu santifica y gobierna todo el cuerpo de la Iglesia, escucha las súplicas que te dirigimos por todos sus ministros, para que, con la ayuda de tu gracia, cada uno te sirva fielmente en la vocación a que le has llamado. Por Jesucristo nuestro Señor. AMEN.

IV. Por los catecúmenos

Oremos también por (nuestros) los catecúmenos, para que Dios nuestro Señor les ilumine interiormente, les abra con amor las puertas de la Iglesia, y así encuentren en el bautismo el perdón de sus pecados y la incorporación plena, a Cristo nuestro Señor.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que haces fecunda a tu Iglesia dándole constantemente nuevos hijos; acrecienta la fe y la sabiduría de los catecúmenos para que, al renacer en la fuente bautismal, puedan ser contados entre tus hijos. 

V. Por la unidad de los cristianos

Oremos también por todos aquellos hermanos nuestros que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor asista y congregue en una sola Iglesia a cuantos viven de acuerdo con la verdad que han conocido.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que vas reuniendo a tus hijos dispersos y velas por la unidad ya lograda, mira con amor a toda la grey que sigue a Cristo, para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad congregue en una sola Iglesia los que consagró un solo bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor. AMEN

VI. Por los judíos

Oremos también por el pueblo judío, el primero a quien Dios habló desde antiguo por los profetas, para que el Señor acreciente en ellos el amor de su Nombre y la fidelidad a la Alianza que selló con sus padres.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abraham y su descendencia; escucha con piedad las súplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera Alianza llegue a conseguir en plenitud la redención. Por Jesucristo nuestro Señor. AMEN

VII. Por los que no creen en Cristo

Oremos por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, encuentren también ellos el camino de la salvación.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo encontrar la verdad al caminar en tu presencia con sincero corazón, y a nosotros, deseosos de ahondar en el misterio de tu vida, ser ante el mundo testigos más convincentes de tu amor y crecer en la caridad fraterna.. Por Jesucristo nuestro Señor. AMEN

VIII. Por los que no creen en Dios

Oremos también por los que no admiten a Dios, para que por la rectitud y sinceridad de su vida alcancen el premio de llegar a El.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres para que, deseándote siempre, te busquen y, cuando te encuentren, descansen en ti, concédeles, en medio de sus dificultades, que los signos de tu amor y el testimonio de las buenas obras de los creyentes los lleven al gozo de reconocerte como el único Dios verdadero y Padre de todos los hombres, Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén..

IX. Por los gobernantes

Oremos también por los gobernantes de todas las naciones, para que Dios nuestro Señor, según sus designios, les guíe en sus pensamientos y decisiones hacia la paz y libertad d todos los hombres.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,
en tu mano están los corazones de los hombres
y los derechos de los pueblos,
mira con bondad a los que nos gobiernan,
para que en todas partes se mantengan,
por tu misericordia,
la prosperidad de los pueblos,
la paz estable y la libertad religiosa.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

IX b. Por quienes sufren en tiempo de pandemia

Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, singular protector en la enfermedad humana, mira compasivo la aflicción de tus hijos que padecen esta pandemia; alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes los cuidan, acoge en tu paz a los que han muerto y, mientras dura esta tribulación, haz que todos puedan encontrar alivio en tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amen.

X. Por los atribulados

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, por todos los que en el mundo sufren las consecuencias del pecado, para que cure a los enfermos, dé alimento a los que padecen hambre, libere de la injusticia a los perseguidos, redima a los encarcelados, conceda volver a casa a los emigrantes y desterrados, proteja a los que viajan, y dé la salvación a los moribundos.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote

Dios todopoderoso y eterno,
consuelo de los afligidos
y fuerza de los que sufren,
lleguen hasta ti las súplicas
de quienes te invocan en su tribulación,
para que todos sientan en sus adversidades
el gozo de tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Segunda parte

ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ

(Se prepara la cruz tapada y se va descubriendo cantando “mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo-venid a adorarlo”. Se acompaña con dos cirios y se da a adorar al pueblo; mientras se canta) 

Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo.
Venid a adorarlo.

Tercera parte

SAGRADA COMUNION 

(Se extiende el mantel y se ponen las velas sobre el altar. Se traen las hostias consagradas el día anterior, y se colocan sobre el altar) 

Fieles a la recomendación del Señor y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Líbranos Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Tuyo es el reino…

Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los llamados a esta cena.

– Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Comunión espiritual: “Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos”.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN:

Dios todopoderoso y eterno,
que nos has renovado
con la gloriosa muerte y resurrección de tu Ungido,
continúa realizando en nosotros,
por la participación en este misterio,
la obra de tu misericordia,
para que vivamos siempre entregados a ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén. 

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO.

Descienda, Señor, tu bendición abundante
sobre tu pueblo que ha celebrado la muerte de tu Hijo
con la esperanza de su resurrección;
llegue a él tu perdón,
reciba el consuelo,
crezca su fe
y se afiance en él la salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

(Todos salen en silencio. El altar se desnuda en el momento oportuno)

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